Desde la habitación de su
hermanita Joan espiaba al resto de los pacientes. Escondido tras las cortinas
veía, en la habitación del otro lado del patio, a un señor muy raro lleno de
tubos sacando la cabeza por la ventana y rodeado por un aire blanco, lo mismo que cuando su padre salía al
balcón.
En la habitación que estaba
a su derecha, un hombre y una mujer se gritaban palabras que nunca había
escuchado, herencia, notario, robar,
desgraciada. Y a la izquierda un balcón
todavía más lleno de flores que el suyo.
Lo de fuera era mucho más
interesante que aquella cosa que estaba en brazos de su madre, solo lloraba y
había tenido que besar dos veces.
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