lunes, 5 de noviembre de 2018

El tren a Jodhpur La historia de Pranay

Después de aterrizar en Delhi, el encuentro con sus millones de habitantes y  vivir  la experiencia de nuestro primer trayecto en tuk-tuk del que no sabíamos si saldríamos vivos, !Qué mala es la desconfianza!.   Hoy, hemos decidido liarnos la manta a la cabeza e ir a la estación de tren  de Jaipur directamente, a las taquillas dónde los indios compran los billetes. ¡Madre mía, que follón! Todo el mundo grita y se pelea, ni siquiera existen las colas. Para rematar la faena, apenas hablan inglés y encima no les gusta dirigir la palabra a las mujeres. Después de pasar por varias taquillas, nos hemos hecho fuertes en una y la hemos cerrado con los brazos en cruz. Tras un buen rato de señas hemos entendido que en esas taquillas sólo se venden billetes para GENERAL.  Piensa que nuestro primer viaje en tren por la India fue Delhi-Jaipur,  con asientos reservados en segunda clase, Así que no sé si estamos preparados para esta experiencia.   Para que te hagas una idea,  general, es como si te metieran en un vagón de ganado pero con la gente colgándose hacia fuera por las puertas y ventanas.




. Imagínate  de esta guisa 6 horas que es lo que dura el trayecto a Jodhpur. Pero, ¿qué vamos a hacer?, es lo único que hay si queremos llegar al siguiente destino.







Foto: Divadestudio

En el andén somos el centro de atención.. Deben de pensar qué van a hacer estos dos en estos vagones. Yo me pregunto lo mismo.  Entonces, gracias a todo los dioses a los que estamos rezando en silencio,  ha aparecido nuestro salvador. Un indio brahmán estudiante de ingeniería, de 23 años, que se ha acercado a nosotros y nos ha ofrecido su ayuda. Nos ha dicho que teníamos cara de estar muy asustados. No lo podíamos negar, lo estábamos. Ha sido muy amable y nos ha cedido parte de su litera  en sleeper, una categoría superior a la nuestra

Foto: Divadestudio
  Nada más entrar descubrimos que no estamos solos. En el vagón viajan dos mujeres con sari, una mayor y otra más joven de edades indefinibles con una niña tumbada sobre su regazo. Nada más verlas me entran ganas de hablar con ellas, sobre todo con la joven, la mayor tiene cara de malas pulgas , pero no habla inglés así que me dispongo a hablar con señas. Le he preguntado la edad de su hija y le he dicho que me gustaban mucho sus saris, preciosos de color azafrán. Se le notaba que no había tenido oportunidad de hablar con muchas  occidentales y que tenía tantas ganas como yo de entablar conversación.  Me ha ofrecido un snack que estaban comiendo ellas, tipo garbanzos picantes o algo así, No estaban mal. Nos hemos estado mirando y sonriendo durante un buen rato hasta que el estudiante me ha recomendado que no la mirara tanto porque iba a pensar que quería algo de ella. 

Foto: Divadestudio
 De repente ha aparecido el revisor y al ver que teníamos otra categoría ha puesto muy mala cara. Ya me veía de vuelta al vagón de ganado. Entonces  Pranay, el estudiante, nos ha dicho que le explicáramos que no habíamos podido sacar el billete por internet y que se lo dijera como llorosa para darle pena. Me ha estado enseñando durante el trayecto  a decir gracias en hindi "Dhaniavad" para ganármelo. Ha surtido efecto y no nos ha echado. En su lugar hemos tenido que pagar la diferencia de categoría  que era una miseria. Piensa que el tren de 6 horas nos ha costado 6 euros a los dos. 
Foto: Divadestudio

 Casi llegando al final de nuestro trayecto ha aparecido  un travestido con un sari. Tenía escrito en la palma de la mano a bolígrafo “I love you”. Pasaba junto a los hombres y les pedía dinero para concederles buena suerte. Como nuestro amigo no quería darle nada y estaba ligeramente avergonzado entonces le ha amenazado con echarle mal de ojo y, claro está, Pranay ha acabado pagando. También lo ha intentado conmigo pero yo sonriendo le he dicho otra palabra que me ha enseñado hoy Pranay: nai, nai (no, no) y se ha acabado marchado. 


Foto: Divadestudio

Por cierto que pasó un ratón por medio de nuestra vagón. Ha dado lugar a bromas durante todo el camino, que si lo tenía subiendo por mi asiento, si lo tenía en un pie. No he vuelto a apoyar los pies en el suelo.


Foto: Divadestudio
Foto: Divadestudio



Todavía no tenemos claro como tenemos que actuar con los que piden, hasta ahora les ignoramos. Aunque hoy nuestro amigo nos ha dado una pequeña lección. Tenía monedas y caramelos para los niños, incluso a una niña le ha dado un billete. Entonces al vernos extrañados nos ha dicho: 
- Mi padre es médico y siempre me dice que debemos ayudar a los demás porque en el futuro nos será devuelto cuando nosotros lo necesitemos. Yo ahora soy afortunado y debo ayudar.



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