Desde
el principio de los tiempos las Musas susurraban al oído de los humanos historias
maravillosas.
Pero un día,
un prestigioso escritor declaró que todo estaba inventado y, tras él, otros muchos alzaron la voz para asegurar que Clío y sus
compañeras habían dejado de ejercer su
labor.
No
podía ser verdad. Las musas se reunieron
en el Monte Helicón y al abrir la cueva de dónde habían salido Hamlet, Fausto o
el Quijote, descubrieron, aliviadas, que estaba repleta de personajes. Eran las
grandes mujeres que habían estado esperando pacientemente y ya era hora de que
viesen la luz.
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