domingo, 29 de agosto de 2021

¿Qué es para mí la escritura?

 

Desde pequeña he emborronado folios, libretas, posavasos, servilletas, todo aquello que llegaba a mis manos. Eran retazos de pensamientos, sentimientos, dolores profundos y fantasías. Un gran diario de mi vida sin forma. Encuentro, tras un curso de Relato corto, el empuje definitivo. Dice José Luis San Pedro que para él “Escribir es vivir”, para mí es la oportunidad de mantenerme cuerda.  Siempre fui una niña muy fantasiosa y sensible. Los relatos hacen que me conecte a la tierra. Dedicándome al teatro, el tránsito a la dramaturgia era algo inevitable, con borradores que se fueron sucediendo hasta que por fin me atreví a estrenar mi propio texto. Es el lenguaje que más conozco. Volví de Madrid a la isla y me zambullí en otra de mis grandes pasiones y temas para escribir, la historia del arte. Me saco el grado y empiezo a unir todas las piezas de este puzle que está llegando al final del proceso: Mi primera novela. Es y ha sido duro. Pero es algo que una no puede decidir. Escribes lo que tiene que ser escrito.

En cuanto a las influencias, la primera serían mis padres. Recuerdo bien niña, su mesilla de noche cubierta de libros y estanterías que podía curiosear sin apenas restricciones. He leído mucho y muy variado. Novela histórica, biografía, literatura fantástica, misterio, thriller, mitología, relato breve y por supuesto teatro. Clásicos como Nabocov, Hemingway, George Sand, Bocaccio, Margaritte Duras, Gironella, Mercè Rodoreda, Oscar Wilde, Chejov, Shakespeare, García Lorca, Zweig, Poe, Tolkien… Si lo pienso desde niña he leído tanto a mujeres como a hombres. En la actualidad me conecto tal vez más con las escritoras. Virginia Woolf, Jane Austen, Irene Némirovsky, Iris Murdoch, Siri Hustvedt, Katherine Mansfield, Amelie Nothomb, Simone de Beauvoir. Fue a través de la historia del arte que empecé a entender la problemática del género que hasta ese momento tristemente desconocía. Imparto conferencias sobre Arte y Mujeres desde hace cinco años. Con ellas, busco visibilizar a las artistas y darles su lugar en la historia. Desde joven me he sentido conmocionada con una serie de personajes literarios e históricos como: la Regenta, María Antonieta, Nora de Casa de muñecas o la Traviata, entre otros muchos.

 

miércoles, 26 de febrero de 2020

MI VOZ HALLADA

Dejé entusiasmada a mi terapeuta ayer.  Así me lo hace saber al llegar a la consulta. Ha preparado de manera cuidadosa todos los detalles para la hipnosis. Yo aún no estoy muy segura.

¿Cómo está? me pregunta. La mujer que está sentada frente a mí, de unos cuarenta años, espera mi respuesta en silencio. Bien, digo. A lo que ella, como cada sesión desde hace dos años, me responde que: Bien, no es nada. ¿Cómo estoy? Hoy diría que estoy bastante nerviosa.

Mientras escojo las palabras, me fijo en la psicóloga. Creo que es la última sesión de su jornada. Imagino que se preguntará por qué habrá dejado a su paciente más complicada, o eso presumo, para el final del día. Cuando ya apenas le quedan fuerzas. Cuando está deseando volverse a casa, quitarse esos absurdos tacones, ponerse el pijama de franela, sí, seguro que lleva franela, tras darse una ducha larga y caliente, masturbarse, quizás, y embadurnarse de crema de los pies a la cabeza. Y, aun así, como siempre la veo entregada a mí. Sospecho que ya no sabe muy bien cómo ayudarme, lo ha intentado todo. Ni yo misma sé que hago aquí, si no es por la recomendación/exigencia de mi discográfica.

Me pide que me ponga cómoda, me ofrece una manta y un té. Pone una música muy suave. Le pido que la quite. La veo sonreír orgullosa por la nueva decoración de la sala, que ha dejado en penumbra; la butaca de colores, la lámpara de diseño metalizada, que le ha debido de haber costado un pastón y ese cd firmado enmarcado en la pared que cada día soporto menos.

Me susurra las instrucciones, con una voz profunda y suave.

Ahora relájese. Quiero que piense en lo que recordó ayer, ¿dónde estaba aquel día? Es importante que se concentre en los detalles, olores, colores, formas, temperatura, sonidos.

¿Qué hago aquí? Pienso en la noche en la que perdí la voz en el escenario. Dos años de presión en los que no he sabido cómo enfocar el triunfo, como me dijo mi terapeuta hace unas semanas. En el miedo a no tener nada más que contar. Qué ironía, el disco que todo el mundo alababa, había acabado conmigo. Después caí en un silencio incómodo para todos, ¿no quería cantar?, ¿no podía?

-        Respire cada vez más profundo. Cuente hacia atrás, 10, 9.

Poco a poco, estoy entrando en un sopor. ¿me habrá puesto algo en el té?

-        8, 7, 6,5,4,3,2,1. ¿Qué es lo que ve? - me pregunta.

-        Estoy en un sitio conocido- describo en voz alta- Tal vez es un sueño. No. Creo que esto lo he vivido antes, hace mucho tiempo… Sí, veo a una amiga que ya no está, María, como la que echo de menos, y junto a nosotras, está el resto de nuestra pandilla … Puedo incluso oler.  Huelo a incienso, canela, sándalo, todo mezclado. Cuero del de verdad, un pastel de zanahoria y marihuana. Estoy rodeada de gente y puestos… mucho color… Oigo una música alta. Suena percusión y una flauta… Mi cuerpo se mueve. Me veo bailando como en una marea unida al resto. Salto de un sitio a otro. Sacudo mi cabeza. Siento alegría. Alguien me coge con suavidad de la mano. Unos labios acarician mi cuello. Tiran de mi hacia un rincón. Siento una rodilla entre mis piernas y un aliento conocido sobre mi boca. Aprieto el cuerpo que está frente a mí y vuelvo riendo a la pista improvisada. Siento un escalofrío, sonrío y sigo bailando con los ojos cerrados… De repente, necesito alejarme de allí.

-        Entiendo, me dice- ¿a dónde va?

-         Entro en una sala con una chimenea, una barra y algunas mesas de madera, vacías. Me acerco a la barra junto a una mujer mayor y bella, le pregunto que está tomando: unas hierbas ibicencas. Pido lo mismo y algo con qué escribir. Busco la mesa más cercana al fuego, aunque no tengo frío. Olfateo la bebida y doy un pequeño trago, dulce y ardiente al mismo tiempo. Me veo en la mesa muy concentrada. Escribo sin parar, plasmo mis sensaciones, lo embotado de mis sentidos, el roce de los cuerpos, aquellos labios de los que hui. Floto y, al mismo tiempo, me encuentro más enraizada que nunca, más conectada a algo más fuerte que yo. Tiemblo de placer y lloro.

Es nombrar las últimas palabras y empiezo a llorar y a llorar. No puedo parar. Todas aquellas lágrimas que he contenido todo este tiempo brotan como una cascada.

-        ¿Quiere que lo dejemos por hoy? - me dice la responsable de la sesión.

Al verme desconsolada, ella misma se emociona y las lágrimas le asoman en sus ojos. Empatiza tanto que se levanta y me va a dar un abrazo porque no soporta ver mi dolor. Pero ahora no quiero dejarlo y la aparto con suavidad.

No había vuelto a sentir aquella emoción en mi vida. Ni siquiera recordaba lo que hice con aquel papel. Seguro que lo perdí en una de mis múltiples mudanzas.

-        Ayer vi publicado lo que escribí ese día en una revista de un club musical. Era un poema anónimo titulado “Mi voz hallada” Mi primera canción.

Me levanto y descuelgo el marco de la pared. Ella me mira en silencio.

-        ¿Le importa que ponga mi CD?


jueves, 24 de octubre de 2019

Microrrelato familiar

 

Desde hace un tiempo presido la sala de estar. Pero no siempre tuve ese lugar privilegiado. Antes estuve escondido bajo su almohada, en el cajón de su mesita de noche o como punto del libro de turno. Era de lo más entretenido esta última función. Aunque la verdad, no me hacía una idea de lo que trataban realmente esas novelas, así que me las imaginaba. Leía con tal voracidad que a veces sólo me colocaba en un par de ocasiones por libro. Y solía cambiar mucho, mucho de historias.  Así es imposible hacerse una idea, ¿no? Había encontrado en alguna que otra ocasión una página húmeda, intuía que por una lágrima perdida. ¿Por quién serían aquellas lágrimas?, ¿Por las historias? La verdad es que no eran especialmente tristes, bueno, lo que yo podía leer, ¿por la vida que le había tocado vivir? ¿la guerra?, ¿la pérdida de sus padres? ¿de sus hermanos? ¿por aquel marido que un día la dejó viuda, todavía joven? Durante años no podía dejar de pensar en otra cosa.  

Ahora estoy frente a ella. En este magnífico sitio al que llegué cuando la vista ya no le daba de sí y pocos libros caían en sus manos. La veo recostada al atardecer, con las agujas de punto caídas sobre su regazo, alargando la siesta mas de lo que le conviene. Suele pasar las noches en blanco. Recuerda su juventud, sobre todo su juventud. Sus bailes y sus bordados. Aquel primer novio que se fue a América. Sus sueños incumplidos. El marido imaginado que tuvo poco que ver con la realidad. Los hijos que vendrían y vinieron, alguno se fue. No así la hija que siempre deseó y el destino le negó. Como en un ritual repetido hasta la saciedad, poco a poco se va despertando. Se asusta con las agujas que a veces se le caen. Recompone su aspecto, retira la saliva de la comisura de su labio y mira hacia mí.

Sí, el día que me colgó en esa pared entendí aquellas lágrimas misteriosas.

 

Para Matilde y Bernardo

lunes, 5 de noviembre de 2018

El tren a Jodhpur La historia de Pranay

Después de aterrizar en Delhi, el encuentro con sus millones de habitantes y  vivir  la experiencia de nuestro primer trayecto en tuk-tuk del que no sabíamos si saldríamos vivos, !Qué mala es la desconfianza!.   Hoy, hemos decidido liarnos la manta a la cabeza e ir a la estación de tren  de Jaipur directamente, a las taquillas dónde los indios compran los billetes. ¡Madre mía, que follón! Todo el mundo grita y se pelea, ni siquiera existen las colas. Para rematar la faena, apenas hablan inglés y encima no les gusta dirigir la palabra a las mujeres. Después de pasar por varias taquillas, nos hemos hecho fuertes en una y la hemos cerrado con los brazos en cruz. Tras un buen rato de señas hemos entendido que en esas taquillas sólo se venden billetes para GENERAL.  Piensa que nuestro primer viaje en tren por la India fue Delhi-Jaipur,  con asientos reservados en segunda clase, Así que no sé si estamos preparados para esta experiencia.   Para que te hagas una idea,  general, es como si te metieran en un vagón de ganado pero con la gente colgándose hacia fuera por las puertas y ventanas.




. Imagínate  de esta guisa 6 horas que es lo que dura el trayecto a Jodhpur. Pero, ¿qué vamos a hacer?, es lo único que hay si queremos llegar al siguiente destino.







Foto: Divadestudio

En el andén somos el centro de atención.. Deben de pensar qué van a hacer estos dos en estos vagones. Yo me pregunto lo mismo.  Entonces, gracias a todo los dioses a los que estamos rezando en silencio,  ha aparecido nuestro salvador. Un indio brahmán estudiante de ingeniería, de 23 años, que se ha acercado a nosotros y nos ha ofrecido su ayuda. Nos ha dicho que teníamos cara de estar muy asustados. No lo podíamos negar, lo estábamos. Ha sido muy amable y nos ha cedido parte de su litera  en sleeper, una categoría superior a la nuestra

Foto: Divadestudio
  Nada más entrar descubrimos que no estamos solos. En el vagón viajan dos mujeres con sari, una mayor y otra más joven de edades indefinibles con una niña tumbada sobre su regazo. Nada más verlas me entran ganas de hablar con ellas, sobre todo con la joven, la mayor tiene cara de malas pulgas , pero no habla inglés así que me dispongo a hablar con señas. Le he preguntado la edad de su hija y le he dicho que me gustaban mucho sus saris, preciosos de color azafrán. Se le notaba que no había tenido oportunidad de hablar con muchas  occidentales y que tenía tantas ganas como yo de entablar conversación.  Me ha ofrecido un snack que estaban comiendo ellas, tipo garbanzos picantes o algo así, No estaban mal. Nos hemos estado mirando y sonriendo durante un buen rato hasta que el estudiante me ha recomendado que no la mirara tanto porque iba a pensar que quería algo de ella. 

Foto: Divadestudio
 De repente ha aparecido el revisor y al ver que teníamos otra categoría ha puesto muy mala cara. Ya me veía de vuelta al vagón de ganado. Entonces  Pranay, el estudiante, nos ha dicho que le explicáramos que no habíamos podido sacar el billete por internet y que se lo dijera como llorosa para darle pena. Me ha estado enseñando durante el trayecto  a decir gracias en hindi "Dhaniavad" para ganármelo. Ha surtido efecto y no nos ha echado. En su lugar hemos tenido que pagar la diferencia de categoría  que era una miseria. Piensa que el tren de 6 horas nos ha costado 6 euros a los dos. 
Foto: Divadestudio

 Casi llegando al final de nuestro trayecto ha aparecido  un travestido con un sari. Tenía escrito en la palma de la mano a bolígrafo “I love you”. Pasaba junto a los hombres y les pedía dinero para concederles buena suerte. Como nuestro amigo no quería darle nada y estaba ligeramente avergonzado entonces le ha amenazado con echarle mal de ojo y, claro está, Pranay ha acabado pagando. También lo ha intentado conmigo pero yo sonriendo le he dicho otra palabra que me ha enseñado hoy Pranay: nai, nai (no, no) y se ha acabado marchado. 


Foto: Divadestudio

Por cierto que pasó un ratón por medio de nuestra vagón. Ha dado lugar a bromas durante todo el camino, que si lo tenía subiendo por mi asiento, si lo tenía en un pie. No he vuelto a apoyar los pies en el suelo.


Foto: Divadestudio
Foto: Divadestudio



Todavía no tenemos claro como tenemos que actuar con los que piden, hasta ahora les ignoramos. Aunque hoy nuestro amigo nos ha dado una pequeña lección. Tenía monedas y caramelos para los niños, incluso a una niña le ha dado un billete. Entonces al vernos extrañados nos ha dicho: 
- Mi padre es médico y siempre me dice que debemos ayudar a los demás porque en el futuro nos será devuelto cuando nosotros lo necesitemos. Yo ahora soy afortunado y debo ayudar.



 .

Maldito/bendito destino


Sam no estaba seguro de si era una señal maravillosa o el presagio de un desastre, pero sí sabía que aquel día cambiaría su vida para siempre. Y no solo la suya, la de su familia, amigos, los pueblerinos que inundaban su barrio, los políticos que había mirado para otro lado, las cenicientas que habían huido del baile, los rinocerontes que habían escapado de la cacería, los pingüinos que tontamente hacían reír a los payasos, los berberechos con salsa llenado el gaznate de los parroquianos, las perlas esparcidas en tierra, la música desparramada a los oídos de los valientes que se paraban a escuchar. Todos cambiarían para bien o para mal. Solo que nadie lo sabía. Nadie. Nadie excepto Sam. Se había convertido de la noche a la mañana en el Anticristo esperado por aquella minoría de fanáticos que lo invocaba noche tras noche, en aquellas absurdas veladas satánicas.
Sin embargo, aquel anticristo lo único que quería, era vivir en paz y no realizar su misión. La pereza lo invadía. Y no sólo la pereza. El saber que sería adorado por algunos pocos, pero, sobre todo, temido y odiado por muchos otros, era superior a sus fuerzas. Él que hacía todo lo posible por gustar a los dos demás. El solo hecho de pensar que no lo querrían, que no lo admitirían en sus grupos, que le mirarían mal, le ponía de los nervios. No le gustaba caer mal a la gente, ¡caramba!, ¿Cómo iba a convertirse en juez de la humanidad?  No, había decidido que no quería seguir su camino,  que él no había nacido para eso, que era amigo de la no violencia, seguidor de Gandhi y no estaba dispuesto a ser el responsable de guerras y martirios.  
“Imagínate pensar que yo mismo he iniciado el Apocalipsis, cómo iba a ser el responsable de eso, jamás, que esperen, total todavía había tiempo, ¿no?, que mas da unos miles de años más. O que se encargue otro ¿Por qué tengo que hacerlo yo?. No, no quiero, me niego… y sin embargo…, que te escuchen no está mal de todo, imagínate, miles, que digo miles, millones de personas, prestándome atención, atención plena para mí, mmm, eso sí me gusta. Y además haciendo todo lo que yo les mande.  Bueno, un poco de sacrificio no está mal, no seas egoísta. Pensándolo mejor, igual uno no puede escapar a su sino. Pero lo hago por los demás, que quede claro. Me sacrifico como mi antecesor por la Humanidad. Incluso… imagínate que consigo que lo olviden y sólo yo sea recordado y alabado. En fin, lo que tiene que hacer uno. Cúmplase mi destino”
Se dirigió a su escritorio, no conseguía encontrar nada en aquel desastre. Metió una mano, luego la otra y por fin dio con él. Entonces abrió el primer sello.

martes, 3 de abril de 2018

Rugidos de los dioses


Era un día caluroso de finales de agosto del año 79 d.C. Múltiples sacudidas, en los últimos meses, anunciaban la erupción del Vesubio. En un tiempo y un lugar, en que la población, tal vez, veía los rugidos del volcán como la expresión de los Dioses y no como un peligro real.

Cuando finalmente la piedra pómez lo invadía todo, los habitantes de Ercolano bajaron al puerto a esperar la nave que les salvara.


Resguardados en las casetas frente al mar, no vieron la ola de magma de 30 metros que emergía a sus espaldas. Sus huesos quedaron atrapados en aquella última morada eterna.



En la vecina Pompeya, sin embargo, la primera explosión y la evolución de la erupción hizo todo lo vivo y biológico, polvo. Dejando un hueco, como si pudiera verse el negativo del alma al vaciarlo en yeso.


@ Scavi di Ercolano, Herculaneum

martes, 28 de julio de 2015

Los suelos de Roma


Parecería que uno en esta ciudad no pudiese más que dirigir sus ojos hacia el cielo: hacia sus magníficos palacios, sus numerosas iglesias y la historia reflejada en las ruinas con las que tropiezas en cada momento. Pero tras días recorriendo sus calles, el cansancio hace mella y uno empieza a mirar hacia el suelo. Se rinde a la ciudad y entonces, esta, le muestra sus otras historias. Descubres decenas de placas como estas bajo los portales de la Via Arenula, la calle que cerraba el Gheto Judío. Y el corazón se va encogiendo a cada paso.










¿Qué es para mí la escritura?

  Desde pequeña he emborronado folios, libretas, posavasos, servilletas, todo aquello que llegaba a mis manos. Eran retazos de pensamientos,...