martes, 3 de abril de 2018

Rugidos de los dioses


Era un día caluroso de finales de agosto del año 79 d.C. Múltiples sacudidas, en los últimos meses, anunciaban la erupción del Vesubio. En un tiempo y un lugar, en que la población, tal vez, veía los rugidos del volcán como la expresión de los Dioses y no como un peligro real.

Cuando finalmente la piedra pómez lo invadía todo, los habitantes de Ercolano bajaron al puerto a esperar la nave que les salvara.


Resguardados en las casetas frente al mar, no vieron la ola de magma de 30 metros que emergía a sus espaldas. Sus huesos quedaron atrapados en aquella última morada eterna.



En la vecina Pompeya, sin embargo, la primera explosión y la evolución de la erupción hizo todo lo vivo y biológico, polvo. Dejando un hueco, como si pudiera verse el negativo del alma al vaciarlo en yeso.


@ Scavi di Ercolano, Herculaneum

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