lunes, 5 de noviembre de 2018

Maldito/bendito destino


Sam no estaba seguro de si era una señal maravillosa o el presagio de un desastre, pero sí sabía que aquel día cambiaría su vida para siempre. Y no solo la suya, la de su familia, amigos, los pueblerinos que inundaban su barrio, los políticos que había mirado para otro lado, las cenicientas que habían huido del baile, los rinocerontes que habían escapado de la cacería, los pingüinos que tontamente hacían reír a los payasos, los berberechos con salsa llenado el gaznate de los parroquianos, las perlas esparcidas en tierra, la música desparramada a los oídos de los valientes que se paraban a escuchar. Todos cambiarían para bien o para mal. Solo que nadie lo sabía. Nadie. Nadie excepto Sam. Se había convertido de la noche a la mañana en el Anticristo esperado por aquella minoría de fanáticos que lo invocaba noche tras noche, en aquellas absurdas veladas satánicas.
Sin embargo, aquel anticristo lo único que quería, era vivir en paz y no realizar su misión. La pereza lo invadía. Y no sólo la pereza. El saber que sería adorado por algunos pocos, pero, sobre todo, temido y odiado por muchos otros, era superior a sus fuerzas. Él que hacía todo lo posible por gustar a los dos demás. El solo hecho de pensar que no lo querrían, que no lo admitirían en sus grupos, que le mirarían mal, le ponía de los nervios. No le gustaba caer mal a la gente, ¡caramba!, ¿Cómo iba a convertirse en juez de la humanidad?  No, había decidido que no quería seguir su camino,  que él no había nacido para eso, que era amigo de la no violencia, seguidor de Gandhi y no estaba dispuesto a ser el responsable de guerras y martirios.  
“Imagínate pensar que yo mismo he iniciado el Apocalipsis, cómo iba a ser el responsable de eso, jamás, que esperen, total todavía había tiempo, ¿no?, que mas da unos miles de años más. O que se encargue otro ¿Por qué tengo que hacerlo yo?. No, no quiero, me niego… y sin embargo…, que te escuchen no está mal de todo, imagínate, miles, que digo miles, millones de personas, prestándome atención, atención plena para mí, mmm, eso sí me gusta. Y además haciendo todo lo que yo les mande.  Bueno, un poco de sacrificio no está mal, no seas egoísta. Pensándolo mejor, igual uno no puede escapar a su sino. Pero lo hago por los demás, que quede claro. Me sacrifico como mi antecesor por la Humanidad. Incluso… imagínate que consigo que lo olviden y sólo yo sea recordado y alabado. En fin, lo que tiene que hacer uno. Cúmplase mi destino”
Se dirigió a su escritorio, no conseguía encontrar nada en aquel desastre. Metió una mano, luego la otra y por fin dio con él. Entonces abrió el primer sello.

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