¡Qué
guapo es! Y que bien le sienta ese jersey azul. ¿Dónde habrá dejado a sus
amigos hoy? Deja de vigilarle que estos
dos acabarán dándose cuenta.
-
Bueno nos vemos mañana. Digo a María y a
Pedro, compañeros de instituto.
-
Mañana no trabajo, dice Pedro con
recochineo.
-
¡Qué suerte! , yo sí. Voy a tener un día
terrible. Entre tutoría y clases me voy a tirar todo el día en el insti. Estoy
deseando que lleguen las vacaciones de
Navidad. Dice María.
El me mira de reojo. ¡Qué gracia! Parece tímido.
Igual me está esperando.
-
Bueno, pues te veo a ti. Pedro, disfruta del día libre.
-
Escucha, ¿Vas a ir a la cena del sábado?
dice María.
¡Es
alto!, ¿cuánto debe de medir? Creo que está en el equipo de baloncesto. ¡Qué
brazos tan fuertes!
-
¿Perdona?, digo
-
¿Qué si vas a ir a la cena del sábado?
Si tú vas me apunto. Pero sino paso.
-
No sé. No lo he decidido todavía.
Se
va. Claro ésta no para de hablar. Tengo
que hacer algo.
-
Venga, apúntate.
No
seas tan exagerada, que María se va a dar cuenta. Y lo conoce bien que lleva ya
dos años en su clase. Ese gesto con la mano ha sido demasiado arriesgado.
-
Vale, vale, lo que tú quieras
Bueno,
por lo menos lo ha entendido. Y ya no se va.
-
Perfecto, entonces ¿sacamos tu coche o
el mío?
¡Madre
mía!, no se callará.
-
No sé, mira lo decidimos mañana. ¿te
parece?
-
Hija, que prisas tienes hoy.
Se
acabará enterando. Contrólate un poquito, guapa.
-
Es que tengo que hacer cosas. Lo siento.
-
Vale, vale, no te preocupes. Hablamos
mañana entonces.
¿Y
esa joven con la que habla ahora?, me suena. Anda, ¿Pero esa no es alumna mía?
-
Hasta mañana.
Ahora
no puedo quedar sola aquí como una tonta.
-
María, espera, no te vayas, quiero preguntarte algo…
-
Dime
¿Y
si había quedado con ella? Igual es su novia. No parece gran cosa, la verdad.
-
… pues se me ha olvidado lo que te
quería preguntar.
-
Tía, estás fatal.
-
Sobrina, ya lo sé.
-
Es que me cuesta quitármelo.
¿Ese
beso? ¿Ha sido en la mejilla o en la boca? Desde aquí no veo nada, me tapa la
farola. Habrá que cambiarse de sitio. Desde el coche de María seguro que lo veo
todo mejor.
-
Te acompaño al coche.
-
¿Y lo que me querías preguntar?
-
Ya lo recordaré. No debe de ser muy
importante
.
Mi
alumna se va. Se queda solo. Corre. Ahora o nunca.
-
¡Qué lejos, mi coche! Adiós.
-
Vale, vale, no hay quien te entienda
hoy.
Tengo
el corazón a cien por hora. El parece que también. Se está poniendo colorado. Y
yo. Ya solo quedan una decena de metros. No puedo dejar de sonreír. ¡Que boca
tan bonita! ¡Qué calor! Tengo que
quitarme esta chaqueta que me voy a asfixiar. Para. ¿Pero qué haces? Seguro que
María ha notado algo. Me estoy volviendo loca. No está el patio como para
jugarte el trabajo. ¡Y el claustro!, me
imagino sus caras. Ya me veo en las portadas de todos los periódicos. “Profesora
de literatura y lengua española pederasta seduce a su alumno”… ¿Pero qué dices?
Pero sí no es ni mi alumno y ya tiene dieciocho años. Se me está yendo la
cabeza. No es para tanto. Somos dos adultos. Además mira cómo está. Mira esos
brazos, ¿Hace cuanto no te latía el corazón de esa forma? Eso querrá decir algo. Es una señal. Me
sonríe. Me encanta. Ya estoy aquí. y
ahora qué?.
-
Hola. Digo
-
Hola. Dice él.
La
tensión sexual que se respira es bestial. Si esto fuera una película nos
desnudaríamos aquí mismo. Pero es el aparcamiento del instituto. Deja de
reírte. ¿Qué le digo?, ¿le propongo ir a mi casa? O dónde él desee, pero que
sea cerca. ¿Qué hace? Pasa el dedo índice suavemente desde mi mano pasando por mi
muñeca, el codo, hombro, clavícula, cuello y finalmente mis labios.
-
Vamos a mi casa. Digo.
-
Tía, como mola que tengas nido; ej que he quedao con mi vieja pa sacarle unos
pantacas nuevos. Pero mañana seguro de que puedo,… no te me vayas a enfriar, eh?
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