jueves, 24 de octubre de 2019

Microrrelato familiar

 

Desde hace un tiempo presido la sala de estar. Pero no siempre tuve ese lugar privilegiado. Antes estuve escondido bajo su almohada, en el cajón de su mesita de noche o como punto del libro de turno. Era de lo más entretenido esta última función. Aunque la verdad, no me hacía una idea de lo que trataban realmente esas novelas, así que me las imaginaba. Leía con tal voracidad que a veces sólo me colocaba en un par de ocasiones por libro. Y solía cambiar mucho, mucho de historias.  Así es imposible hacerse una idea, ¿no? Había encontrado en alguna que otra ocasión una página húmeda, intuía que por una lágrima perdida. ¿Por quién serían aquellas lágrimas?, ¿Por las historias? La verdad es que no eran especialmente tristes, bueno, lo que yo podía leer, ¿por la vida que le había tocado vivir? ¿la guerra?, ¿la pérdida de sus padres? ¿de sus hermanos? ¿por aquel marido que un día la dejó viuda, todavía joven? Durante años no podía dejar de pensar en otra cosa.  

Ahora estoy frente a ella. En este magnífico sitio al que llegué cuando la vista ya no le daba de sí y pocos libros caían en sus manos. La veo recostada al atardecer, con las agujas de punto caídas sobre su regazo, alargando la siesta mas de lo que le conviene. Suele pasar las noches en blanco. Recuerda su juventud, sobre todo su juventud. Sus bailes y sus bordados. Aquel primer novio que se fue a América. Sus sueños incumplidos. El marido imaginado que tuvo poco que ver con la realidad. Los hijos que vendrían y vinieron, alguno se fue. No así la hija que siempre deseó y el destino le negó. Como en un ritual repetido hasta la saciedad, poco a poco se va despertando. Se asusta con las agujas que a veces se le caen. Recompone su aspecto, retira la saliva de la comisura de su labio y mira hacia mí.

Sí, el día que me colgó en esa pared entendí aquellas lágrimas misteriosas.

 

Para Matilde y Bernardo

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué es para mí la escritura?

  Desde pequeña he emborronado folios, libretas, posavasos, servilletas, todo aquello que llegaba a mis manos. Eran retazos de pensamientos,...